diciembre 16, 2008

Devaluación 94, de Salinas


En busca de su maltrecho legado histórico, el ex presidente Carlos Salinas ha decidido la confrontación y no el análisis. La devaluación de diciembre de 1994 y sus secuelas de colapso en 1995 ya estaban en el archivo y Salinas volvió a revivirlas para enredarse con sus propias justificaciones.
Si las devaluaciones tienen dos razones --una técnica y otra política--, la revisión de los archivos y de los testimonios inculpa a Salinas en ambas: Zedillo recibió una economía quebrada y con pocas reservas y Salinas complicó el cambio de gobierno cuando quiso imponerle a Zedillo varios secretarios de Estado para construir un maximato transexenal.
El problema con Pedro Aspe y la devaluación no fue por razones técnicas. Salinas quería que Zedillo mantuviera a Aspe en la Secretaría de Hacienda y a través de él seguir manipulando la economía. Aspe, cuidadoso en el juego de poder, le dijo a Zedillo que era importante su permanencia en Hacienda sólo por razones técnicas. Y para tranquilizar al presidente electo, Aspe dijo que le entregaría su renuncia firmada con la fecha en blanco.
Pero el de las perversiones transexenales fue Salinas. Asesinado Colosio, Zedillo era la única pieza de recambio. Ciertamente que era un Zedillo sumiso y leal, pero el poder transforma. La principal prioridad de Zedillo era mantener una distancia de Salinas para evitar las complicidades que sabía que se vendrían en 1995 por el asesinato de Colosio y las inculpaciones a Salinas. Por eso Zedillo no quería a salinistas a su lado. Y los pocos que se quedaron, tuvieron que pasar la prueba de las lealtades con el encarcelamiento de Raúl Salinas.
En el aspecto técnico, la devaluación era inevitable. El reporte del Banco de México que Aspe señala como dictamen divino está lleno de frases amañadas: "esta fuga de capitales no es sorprendente", dice Banxico en su reporte, y la acreditó a la crisis política de 1994. Pero del 23 de marzo a las primeras horas del primero de diciembre, salieron del país 18 mil 552 millones de dólares. Y Salinas le dejó a Zedillo menos de 12 mil millones, pero una crisis del tamaño de la República.
En una carta al The Wall Street Journal difundida en julio de 1995 para aclarar las versiones sobre la reunión del 20 de noviembre de 1994, Pedro Aspe aporta elementos técnicos para sostener la tesis de que la devaluación era evitable con maniobras políticas y mensajes mediáticos. Aspe sugirió que Zedillo reafirmara la vigencia del Pacto. Ello ocurrió y bajó la fuga. Pero los desequilibrios estructurales ahí quedaron, aunque Aspe --un economista capaz pero dominado por Salinas-- eludió reconocerlos. Para él, la dolarización era miedo a la crisis.
En un texto publicado en El Universal el 19 y 20 de marzo de 2002, Carlos Salinas --como siempre-- utiliza las manos del gato para sacar las castañas del fuego. Basado en un texto de su subsecretario de Hacienda, Francisco Gil Díaz, Salinas concluyó su tesis de la crisis: "el resentimiento de Zedillo contra Aspe y su negativa a ratificarlo como secretario de Hacienda en su gabinete". Sólo que Salinas no reconoce que le quiso poner a Zedillo todo su gabinete: Arsenio Farell en Gobernación; Aspe en Hacienda; Serra se quedaría en Comercio y Manuel Camacho en la negociación de Chiapas. Y Salinas mandando como el Plutarco Elías Calles.
La argumentación de Aspe de que sólo la ratificación del Pacto sería el antídoto contra la devaluación era política y técnicamente fallida. A la crítica sobre la herencia económica de Salinas, Aspe contestó con un chiste: "si dejamos la economía sostenida con alfileres, ¿para qué se los quitaron?". La fragilidad política heredada fue el detonador de la devaluación. Al arrancar el nuevo gobierno, se difundieron datos de un avance militar del EZLN que supuestamente Camacho ya había arreglado. Esas noticias provocaron nuevas fugas de capitales.
El control de Aspe sobre el tipo de cambio no era técnico, sino autoritario. Tenía una agenda de teléfonos para llamar a los grandes empresarios especuladores. Si notaban movimientos en compra de dólares, Aspe y sus colaborares amenazaban a los empresarios con decisiones de poder, incluyendo auditorías agresivas, y las compras se regresaban. Ello fue acumulando un desequilibrio estructural: la inflación en el sexenio de Salinas fue más de cuatro veces que la de Estados Unidos. Ahí se incubó la devaluación.
Salinas dejó un tipo de cambio atrapado en una red de intereses. Inventó la banda de flotación, pero tuvo que moverla a la alza generando mensajes de que las cosas estaban mal y se controlaban sólo por la vía del manotazo autoritario. Aspe en realidad no era confiable para Zedillo porque implicaba dejarle la política económica a Salinas y la complicidad con Salinas por el caso Colosio. Y de hecho, el modelo de banda cambiaria ya no operaba en diciembre.
Salinas quemó casi 20 mil millones de dólares para evitar la devaluación en la crisis de 1994 y prefirió heredar la decisión a Zedillo. Pero técnica y políticamente Salinas es el responsable del error de diciembre de 1994.

II
Si se revisan las cifras económicas de 1994, la conclusión es inevitable: la devaluación de diciembre de 1994 fue responsabilidad del gobierno de Carlos Salinas. De acuerdo con un modelo del destacado economista Rudiger Dornbusch, Salinas debió de haber devaluado en febrero de 1994.
Pero Salinas no conversaba con la realidad, sino que se tuteaba con la historia. Y para no pasar a la historia como el Echeverría que devaluó el peso ante un colapso político ingobernable, prefirió maniobrar los instrumentos de política económica para posponer la decisión. Su tabla de salvación era que Aspe se quedara en el gabinete de Zedillo con el cargo virtual de presidente económico de la República y dejara al Presidente de la República como modesto director de estudios de política económica.
De acuerdo con el modelo de Dornbusch, al comenzar 1994 el país enfrentaba las cuatro crisis más graves de una economía: persistente inflación, sobrevaluación del peso, déficit muy alto en la balanza de pagos y lento crecimiento económico. Un tipo de cambio barato alimentaba la especulación y una inflación alta impulsaba las compras en el exterior. Y si a ello se agrava el miedo a un país desmoronándose, entonces el tipo de cambio irreal fue la combustión especulativa de la devaluación.
El modelo de Dornbusch sobre la crisis mexicana de 1994 se encuentra en dos sitios internet:
www.mexicomaxico.org/Voto/Crisis94.htm y www.e.u-tokyo.ac.jp/~toni/IntFin/mexico-s.pdf. Dornbusch, egresado del Tecnológico de Massachusetts y uno de los economistas norteamericanos que más y mejor conocía México, siempre alertó sobre la crisis devaluatoria, pero Aspe --de la misma universidad-- nunca aceptó los razonamientos. La realidad, sin embargo, le dio la razón a Dornbusch.
Las advertencias de Dornbusch no son las únicas que pueden utilizarse para destruir la versión política de Salinas de que la devaluación fue culpa de Jaime Serra y Ernesto Zedillo. El FMI reunió tres vertientes de la devaluación mexicana de 94: choques políticos internos y económicos externos, déficit en la cuenta corriente y sobrevaluación del peso y errores de política económica entre la política monetaria y la política cambiaria. Estas tres expresiones se dieron antes del 20 de diciembre.
Y el Banco Mundial, en un anexo de su reporte de 1995, culpa al déficit en la cuenta corriente de la balanza de pagos, provocado por la creciente sobrevaluación del peso, llegó a niveles insostenibles en 1994. Asimismo, critica los Tesobonos de Salinas-Aspe y la inversión especulativa.
Los análisis que responsabilizan a Salinas de la devaluación de 94 son mayores. Está, por ejemplo, el artículo publicado por Lawrence Summers, subsecretario del Tesoro en 1994 y secretario del Tesoro del presidente Clinton, en The Economist a finales de 1995: "Summers en México: diez lecciones que aprender". Summers explicó su segunda lección: no es posible sostener políticas insostenibles. Y se refirió claramente a que "la combinación específica de la política monetaria y la política cambiaria no fue acertada". También señaló el dato de ocho por ciento del PIB en la cuenta corriente de la balanza de pagos. Y se refirió a los "bonos polizones", como los Tesobonos que inventaron Salinas y Aspe, como desquiciadores del equilibrio económico.
El punto clave de la crisis fue la sobrevaluación del peso, el porcentaje de diferencial inflacionario México-EU: 12% en 1992, 16% en 1993 y 10% en 1994. El dólar se convirtió en el producto más barato. Ello tenía que ver con el diferencial inflacionario de México con Estados Unidos: 3.8% promedio anual en EU y 16% en México. Este diferencial, en un escenario de apertura comercial, propició la dolarización. Y si a ello se añade un entorno crítico de miedo en donde el presidente Salinas perdió el control del país, el saldo no podía ser menor que la herencia de un país colapsado.
Las fallas, pues, fueron de Salinas. Lo escribió Rolando Cordera, ex izquierdista, promotor salinista, neo izquierdista y hoy lopezobradorista, en su texto "Viejos y nuevos paradigmas: el papel político de las ideas económicas en el cambio estructural 1982-1994", el largo periodo de los gobiernos de Miguel de la Madrid y Carlos Salinas:
"El cambio estructural en México estuvo guiado, desde el principio, por una posición doctrinaria consistente con la ortodoxia económica, respondió claramente a ciertos intereses económicos nacionales y extranjeros, pero nunca se basó en un análisis objetivo ni de los aciertos y deficiencias de la estrategia de desarrollo anterior, ni mucho menos de las posibilidades reales de aplicación de la nueva estrategia a la realidad económica y social mexicana. Las insuficiencias del modelo son atribuibles a este vicio de origen y no a las reformas que falta para profundizar el cambio estructural".
De ahí que la paternidad de la crisis de 1994 y de la devaluación del 20 de diciembre tenga como responsable directo a la política económica de Carlos Salinas y a su decisión política de no devaluar en febrero para no manchar su historial político. El error de Zedillo fue aumentar las tasas de interés para evitar más fuga y, sobre todo, proteger a los bancos y no a los ciudadanos.

III
Y el último elemento que llevó al presidente Carlos Salinas en 1994 a posponer la devaluación como producto del desorden de su política económica fue la ambición de dirigir la Organización Mundial de Comercio.
Salinas tenía claro que su boleto para la OMC estaba justamente en la promoción de una apertura comercial rápida y benéfica para el extranjero y en una estabilidad forzada de las variables de la política económica. Salinas decidió buscar la dirección general de la OMC a finales de 1993 y anunció su decisión en junio de 1994. Por eso no podía devaluar el peso. Sería su gran derrota como economista neoliberal de nivel internacional.
Lo malo para Salinas fue la inutilidad de su estrategia: condenó al país a una devaluación caótica y el daño adicional del alza en las tasas de interés y retiró su candidatura a la OMC en marzo de 1995 por la aprehensión de su hermano Raúl por el asesinato de su ex cuñado José Francisco Ruiz Massieu.
La OMC iba a ser la coronación de la carrera de Salinas. Y si hoy critica severamente al Consenso de Washington, Salinas aplicó puntualmente los diez puntos de ese modelo de globalización neoliberal. Y lo que no quiere reconocer ahora --ni refiere por equivocación en su libro-- es que la OMC es parte estructural de la Santísima Trinidad del modelo neoliberal del Consenso de Washington: Fondo Monetario Internacional, Banco Mundial y OMC.
En una extraordinaria cronología puntual y minuciosa de 1994 de Manuel Aguirre Botello, en el sitio
www.mexicomaxico.org/Voto/Crono94FP.htm, la historia de Salinas ante la crisis se cruza con su ambición de crear un maximato presidencial a través de Pedro Aspe y Arsenio Farell en el gabinete de Zedillo y el propio Salinas con el poder sobre el proyecto de liberalización comercial desde la dirección de la OMC. El 8 de junio de 1994 se filtró la información de que Salinas buscaba la OMC, el 18 de junio en Cartagena surgió la propuesta formal, el 9 de septiembre se tambaleó la nominación y el 12 de noviembre salió la propuesta formal de Estados Unidos.
La decisión de no devaluar ocurrió ese 12 de noviembre y no el 20. Hacia mediados de noviembre la situación del tipo de cambio era insostenible. El 20 de noviembre ocurrió la reunión en la casa de Salinas para resistir las presiones a la devaluación. Los argumentos de Aspe y Salinas, a posteriori, pueden ser convincentes. Pero el elemento secreto fue la ambición de Salinas de llegar a la dirección de la OMC aun pasando por la manipulación de la política económica. Salinas no le podía fallar al interés de EU de colocarlo en la OMC.
Por tanto, se siguen acumulando evidencias de que la responsabilidad de la devaluación de diciembre de 1994 fue de Salinas y que esa decisión no fue "el error de diciembre", sino el error de 1994. Para remachar la acreditación de cargas, un análisis del 2007 de la Fundación Rafael Preciado del PAN concluyó que Salinas cometió cuatro errores:
1.- Evitó la devaluación por cuestiones electorales.
2.- No negoció adecuadamente con el PRD.
3.- Eludió la devaluación para que el tratado de comercio libre fuera ratificado por el Congreso de EU.
4.- Y creyó que la inestabilidad económica de México era de corto plazo.
En "La crisis económica de 1994", estudio 273 de la Fundación del PAN, se recuerda que del 3 al 21 de noviembre, el periodo más duro de la especulación, el Banco de México perdió 3 mil 677 millones de dólares. Por tanto, los análisis de Salinas y de Aspe en la reunión del 20 de noviembre fueron manipulados para atenazar a Zedillo, cortarle margen de maniobra y chantajearlo con una devaluación en su nueva administración si no aceptaba ratificar a Aspe en Hacienda.
Los datos de la fuga de capitales en las tres primeras semanas de noviembre confirmaban las versiones de que la crisis de confianza era contra Salinas. Zedillo cometió a su vez dos errores: no pudo ofrecer confianza con su gabinete --presionado por el continuismo de Salinas-- y operó lentamente la devaluación.
Mañosamente, Salinas esconde datos que deben incluirse en el análisis de la devaluación. Dos fueron importantes: hacia finales del año, la Fed de Estados Unidos, el temible y dañino Alan Greenspan, aumentó las tasas de interés a lo largo del año de 3% a 5.5% y los capitales se fueron a EU; y el 19 de diciembre el EZLN movilizó tropas, ocupó posiciones nuevas. Ese día cayó 4.25% la bolsa, subieron los Cetes. Y al día siguiente se movió 15% la banda superior de la tasa cambiaria, pero sin mover las tasas de interés y subiendo los salarios. La economía se salió de control.
Agobiado por el peso de la historia, Salinas publicó un libro para vengarse de su sucesor, pero también para engañar a los lectores. La devaluación del 20 de diciembre de 1994 fue decidida y operada por Zedillo, pero sobre la herencia de Salinas de una economía quebrada. Salinas le dio más importancia a su ambición de dirigir la OMC que a manejar la política económica con responsabilidad. Y los mexicanos siguen pagando esos platos rotos.

IV
La crisis financiera de 1994-1995 tuvo, además de la responsabilidad de Carlos Salinas, la corresponsabilidad de Pedro Aspe como secretario de Hacienda. Aspe cometió el error de menospreciar el papel negativo de la cuenta corriente de la balanza de pagos y privatizó los bancos por intereses políticos y no de eficiencia.
En su libro El camino mexicano de la transformación económica, una especie de propuesta como precandidato presidencial en 1993, Aspe se enorgulleció de una propuesta novedosa dentro de la teoría económica: el fin del déficit en la cuenta corriente de la balanza de pagos como factor de crisis y su transformación en lo que llamó pomposamente el "nuevo mecanismo de transmisión".
Pero la crisis de 1994 fue detonada, entre otros factores, justamente por el déficit en la cuenta corriente de la balanza de pagos. Así lo establecieron Shahid Javed Burki y Sebastian Edwards, el primero vicepresidente para América Latina y el Caribe del Banco Mundial y el segundo economista en jefe de esa vicepresidencia. En su estudio "Latin American after Mexico: quickening the pace", de junio de 1996, concluyeron:
"La principal razón de la crisis del peso mexicano (en 1994) fue el insostenible déficit en la cuenta corriente, financiada con ingresos de capitales de largo plazo".
Paradójicamente, para los autores el aumento en el déficit en la cuenta corriente fue producido por el "éxito" en las reformas mexicanas. El capital externo ayudó a financiar el boom económico del salinismo y en 1994 contribuyó a una expansión del gasto público, ante una caída del ahorro interno.
La estrategia de Aspe-Salinas era convertir al déficit en la cuenta corriente en el pivote del desarrollo. Por eso el saldo en ese déficit pasó de 5 mil 800 millones de dólares en 1989 a casi 30 mil millones de dólares en 1994. Esa escandalosa cifra tuvo que estallar en un sobrecalentamiento de la economía, en una presión inflacionaria y en la devaluación de diciembre de 1994.
En su libro de precampaña presidencial, Aspe estableció que en el pasado el déficit en la cuenta corriente de la balanza de pagos era sinónimo de crisis: "era el resultado de una economía sobrecalentada e impulsada por un mayor gasto gubernamental y financiada con un endeudamiento externo cada vez mayor". A este esquema Aspe le llamó el "viejo mecanismo de transmisión".
Con orgullo, Aspe presentó en sociedad, en 1993, su "nuevo mecanismo de transmisión": "la secuencia va de mejores oportunidades para invertir --derivadas tanto de los cambios en las expectativas como de una mejoría real en las condiciones económicas "objetivas"-- hacia una mayor inversión privada financiada por la repatriación de capitales, flujos de inversión extranjera directa y complementada también con el ahorro interno adicional".
El esquema teórico estaba basado en suposiciones, muy al estilo de los economistas: "supongamos una realidad dada...". El análisis de los funcionarios del Banco Mundial reveló una caída del ahorro interno de 22% del PIB en 1989 a 12% durante el trienio 1992-94. Para Aspe, en su libro, la reforma económica y financiera salinista se reflejaría como factor de auge en la balanza de pagos y en los mercados financieros, pero en realidad fue al revés: el déficit en la cuenta corriente de la balanza de pagos de 1994, de casi 30 mil millones de dólares, necesariamente llevaría al país a un colapso devaluatorio.
En este contexto, la argumentación de Salinas de que la devaluación se contendría con una reafirmación del pacto con los sectores productivos es una prueba más de su incapacidad económica. Y de paso, el papel detonador de una crisis devaluatoria de la cuenta corriente de la balanza de pagos echó por tierra el modelo teórico de Pedro Aspe del "nuevo mecanismo de transmisión". Y al final de cuentas, el déficit, la crisis y la devaluación de 1994 demostraron que la estructura económica de México siguió siendo la misma.
Por Carlos Ramírez

Post RLB Punto Politico.

noviembre 16, 2008

La migración china a América es incontenible

Las corrientes migratorias asiáticas al litoral americano del Pacífico no han sido siempre edificantes para los dos términos de la relación bilateral, como lo explica el estudioso de la geopolítica de las mafias Xavier Raufer.


Pero la autoridad mexicana migratoria no está suficientemente calificada, desde el punto de vista moral, para distinguir al delincuente de un inmigrante constructor. Además de esa limitante, el Ministerio del Interior de México, ignora que una parte de la delincuencia organizada china responde a diseños imperialistas a la que es indispensable al menos conocer.
Es urgente una mejor aplicación del derecho internacional privado en México teniendo a la vista la predicción de los geopolíticos de la delincuencia de que muy pronto los estados nacionales no podrán contener la criminalización de las esferas públicas, un sentido en el que México está ya muy bien encaminado.
A lo largo de la historia de México, los chinos han dejado su huella imborrable, en la medida que esos inmigrantes asiáticos han hecho contribuciones al desarrollo económico de México y de las relaciones entre ambos pueblos. Sin embargo, en la historia mexicana ha habido algunos periodos en que los chinos fueron maltratados, discriminados e incluso asesinados.
Hoy la tónica de las relaciones tiende a la concordia por lo menos desde el punto de mira de China. Y no obstante la tirantez en algunos aspectos del fenómeno de recepción de migración asiática en México, el apaciguamiento de los contrastes marca al nuevo escenario y la posibilidad del bloqueo de las tendencias delictivas que se incrustan en los procesos migratorios de todo tipo. Va una cronología de las relaciones entre ambos países lo da la embajada de la República Popular China en México, en el sentido que hemos indicado:
"Tras el triunfo de la revolución encabezada por el doctor Sun Yatsen y la consiguiente proclamación de la República China en 1912, la Legación mexicana recibió instrucciones de continuar representando los intereses de México ante el nuevo gobierno. Dada la situación de inestabilidad que siguió a la proclamación de la República, así como la ulterior invasión japonesa y la guerra civil que sacudió el territorio chino, la Legación mexicana trasladó sucesivamente su sede a las ciudades de Nanjing -a la postre capital Republicana- y Shanghai, donde finalmente la invasión nipona obligó a su clausura en 1941. La representación china en México, no obstante, continuó funcionando ininterrumpidamente. Cabe señalar que, paralelamente a su Legación, México mantuvo a principios de los años treinta un consulado honorario en la ciudad de Shanghai.
"En 1942 México restableció su Legación en la Ciudad de Chongqing (Chunkín), sede provisional de los poderes de la República. Un año después, ambos gobiernos acordaron elevar sus respectivas legaciones a nivel de embajada. En 1945 el general Heliodoro Escalante presentó sus cartas credenciales al presidente Chiang Kai-shek (Jiang Jieshi) como primer embajador de México en China. Más tarde, de 1947 a 1949, el general Francisco J. Aguilar fungió como embajador mexicano.
"En 1949 el gobierno del Kuomintang (Partido Nacionalista de China), derrotado por las fuerzas del Ejército de Liberación Popular, se refugia en la isla de Formosa o Taiwán y anuncia la creación de la “República de China”. En el continente, el Partido Comunista proclama, el 1 de octubre, la creación de la República Popular China, con capital en Beijing (Pekín).
"De 1949 a 1971, México mantuvo relaciones diplomáticas con el gobierno del Kuomintang, aunque no se estableció representación diplomática mexicana alguna en el país durante ese período, y se habilitó al Embajador de México en Japón como concurrente.
"El17 de noviembre de 1971 México se unió al voto favorable al ingreso de la República Popular de China a la Organización de las Naciones Unidas como representante único de esa Nación, reconociendo su indivisibilidad territorial. Subsecuentemente, el 14 de febrero de 1972, México y la República Popular de China establecen relaciones diplomáticas".
Los resultados psicosociales del maltrato a los asiáticos
El doctor Jorge Gómez Izquierdo publicó un análisis titulado El Movimiento antichino en México (1871-1934), que data de 1991. En su libro indica que los chinos participaron, como en Estados Unidos, en la construcción de ferrocarriles y en la industria minera, con sus actividades ayudaron al dinamismo de las ciudades que surgían a lo largo del ferrocarril o en los distritos mineros. En 1896 llegaron 800 chinos para trabajar en las minas de cobre del po-blado de San Felipe en Coahuila.
Guaymas y Mazatlán, dice el investigador social, fueron los principales puertos de entrada para los chinos al norte del país, ahí trabajaron durante la década 1900 a 1910 en la construcción del ferrocarril Sud-Pacífico. Los minerales de Cananea también requirieron de jornaleros chinos. Desde esta época Sonora y Sinaloa recibieron más chinos que cualquier otra región mexicana. Los estados norteños de Chihuahua, Coahuila, Nuevo León, Tamaulipas, Sinaloa y Sonora concentraron a la mayoría de los inmigrantes orientales. Aunque éstos también se ubicaron en proporciones significativas en Chiapas, Oaxaca y Yucatán a partir de los años noventa. En 1890 llegaron a Chiapas desde Panamá comerciantes chinos que se establecieron con éxito en Tapachula. (Chieng Chieh Chang, The chinese in Latin America, Univ. of Maryland,1956).
Prejucios raciales
El objetivo del libro de Gómez Izquierdo es también el de analizar la forma que adquirió el prejuicio racial antichino en el México de las últimas tres décadas del siglo XIX y de las tres primeras del siglo XX. "El odio antichino es un caso de manipulación del prejuicio racial pre existente [...]. Las pulsiones antiextranjeras que existían entre los mexicanos antes de la revolución e 1910 llegaron a convertirse en uno de los factores coadyuvantes en la identificación de los mexicanos en cuanto tales".
En el odio a los extranjeros, los mexicanos de todas las clases se ”hermanaban”. La revolución de 1910 despertó en la población perspectivas de mejoramiento en sus condiciones de vida, que al parecer no se cumplieron, lo que sin duda ocacionó una frustración y una inconformidad que hubieran podido generar posibles estallidos. El relativo éxito de la colonia china se convirtió, para ciertos sectores nacionalistas de las sociedades norteñas, en el objeto sobre el cual podía descargar la inconformidad, el odio, la frustración y la envidia contenidas".
Además de esos aspectos del chovinismo mexicano, que menciona el autor, no hay que olvidar el carácter excluyente de ciertos aspectos del nacionalismo mexicano impulsado bajo la batuta del presidente Porfirio Díaz, en cuyo gobierno apareció el culto de Benito Juárez, cargado de símbolos xenofobos.
La experiencia histórica merece nuestra reflexión
La primera condición histórica de que hubiera migración china a México dependía hace 150 años, a mediados del siglo XIX, del exterminio de la nación china a manos de la expansión imperialista británica. Pero en el medio siglo transcurrido desde el triunfo de los comunistas en 1948, la inconformidad es explicada con los errores y la violencia desatada al imponer el bolchevismo chino una concepción productivista de la economía, emanada de la importada filosofía occidental que está inmersa en todo el marxismo.
No podemos perder de vista este defecto de marca a la hora de analizar el proceso migratorio de chinos a México, cuya cuantía se ha perdido de vista a medida que el tiempo ha avanzado, hasta convertirse durante la administración derechista del Estado instaurada en 2000 en un verdadero misterio.
La Ruta Marítima de Seda y la Nao de China
Según los archivos chinos y extranjeros, los primeros contactos comerciales entre China y México datan del siglo XVI. Los galeones de Manila, llamados también Naos de China navegaban en el Océano Pacífico ligando estrechamente China y México. Las naves chinas no sólo ayudaron a establecer las relaciones comerciales entre ese país y México, sino también contribuyeron a promover la amistad entre los dos pueblos y a canalizar los intercambios entre el Oriente y el Occidente, escrbiendo de este modo una brillante página en la historia de las civilizaciones.
Tanto México como las Filipinas eran, a mediados del siglo XVI, colonias de Espaňa. Las islas filipinas pertenecían administrativamente al Virreynato de Nueva España (México). España formalizó una ruta marítima en el Océano Pacífico: Sevilla (España)- Acapulco (México) -Manila (Filipinas) -las Costas de Fujian y Cantón (en China).
La primera nave procedente de China que ancló en Acapulco fue el Galeón San Pablo, cuya fecha exacta de llegada a Acapulco fue el 8 de octubre de 1565. Desde entonces, los navíos chinos, cargados de objetos de porcelana y tejidos de seda, desafiando el oleaje, llegaban a México pasando por Manila, abriendo de este modo una nueva Ruta de la Seda. En 1815, la última nave de China, el Galeón Magallanes, partió de Méxicio para Manila, poniendo término a la ruta marítima a- Las Filipinas-México. La ruta marítima de la seda duró 250 años.
Los datos históricos de México registran que en el siglo XVI ya había barrios chinos en algunas ciudades. Médicos, sastres, tejedores, orfebres, herreros, carpinteros y comerciantes chinos se establecieron en ellos trabajando de generación en generación. En su memorial fechado el 22 de junio de 1635 y dirigido a Pedro Santillán, presidente del cabildo de la Ciudad de México, Fernando Souza se quejaba del creciente número de barberos chinos en la Ciudad de México que ocupaban los trabajos de los nativos y pedía que tomara medidas para reducir la cantidad de las barberías chinas a doce fuera del centro de la ciudad.

En el siglo XVII gran numero de de colonos y esclavos chinos se vieron obligados a realizar un trabajo en las minas de Zacatecas. En 1646 había muchos chinos que trabajaban también como esclavos en la mina de Francisco de Escobedo, en Tepic, al sudoeste del país.
Los primeros culíes chinos en México
Según los datos del Archivo General de la Nación, el Registro Nacional de Extranjeros en México (AGNRNEM 19) el primer grupo de “culíes o coolies” chinos llegó a México en 1875 (1864, segun otras fuentes. Según el Registro Nacional de Extranjeros del Archivo General de la Nación, los chinos sumaban 214 en el periodo 1875-1899, y llegaron a alcanzar 3 442 en la década de 1900-1910. En realidad, era mucho mayor el número de los chinos que llegaron a México desde EU porque muchos de ellos entraron en México en forma irregular, sin registro migratorio.

La representación administrativa mexicana contrataba en Estados Unidos a los obreros chinos para la construcción de dicho ferrocarril. Entre los años 1876 y 1877, Liang Jingmao, Ma Linyong, Zhu Binglin, Zhu Changye, Zheng Zhong, Ma Hen, Ma Zhu, Ma Duolun, Liang Richu, Liang Rumao y otros, contratados por los comerciantes ingleses, llegaron a Ensenada provenientes de EU, donde se dedicaban a talar los árboles cuya madera servía de combustible a los trenes; construían los caminos y explotaban los minerales. En 1884, llegaron los chinos a Guymas. En 1885, un grupo de chinos llegó a Tampico contratado por los comerciantes estadounidenses. En 1889, había en Ensenada más de 30 migrantes orientales. En 1891 llegaron a México los primeros inmigrantes procedentes en directo de China.

El establecimiento de las relaciones diplomáticas entre China y México
Con la llegada al poder de Porfirio Díaz, en 1877, México emprendió el proceso de modernización. Díaz gobernó México más de tres décadas, pacificó el país, logró el desarrollo de su economía y sentó las bases de una democracia que aún no ha despegado. A finales del siglo XIX, a medida que se desarrollaba la economía de enclave, México necesitaba mano de obra barata para el trabajo en las minas y la construcción de vías férreas. La administración porfiriana llaneaba reclutar un gran contingente de obreros chinos ya ubicados en Estados Unidos para que trabajaran en México.

Hacia 1875, Matías Romero, ministro plenipotenciario mexicano acreditado en EU vio con interes la migración china y sugirió la conveniencia de enviar una legación a China: Me parece que los únicos colonos que podrían venir a establecerse o a trabajar en nuestras costas son los asiáticos, procedentes de climas semejantes a los nuestros, y principalmente de China…Esta no es una vaga utopía. Hace años que se ha tenido esta inmigración, siempre cautelosa, cautela que le ha dado buenos resultados.
[…] En 1897, Wu Tingfang, ministro plenipotenciario del gobierno de la Dinasta Qing en Estados Unidos y Matías Romero, ministro plenipotenciario mexicano acreditado en ese país renovaron las negociaciones y redactaron conjuntamente, tras numerosas consultas y concesiones recíprocas, un proyecto del tratado. Al aňo siguiente, cuando ya se disponían a firmarlo, falleció Matías Romero. En verano de 1899, Manuel de Aspiroz, el nuevo ministro plenipotenciario de México en EU se reunió con Wu Tingfang, redactando conjuntamente el proyecto final del tratado.
[…] El establecimiento de las relaciones bilaterales constituyó un punto de viraje en la historia de las relaciones entre China y México en diversos terrenos. En primer lugar aumentó la inmigración china en México.En 1904 los inmigrantes chinos sumaban 8 mil y en 1910, ascendían a más de 30 mil. El establecimiento de las relaciones diplomáticas mejoró en cierto sentido las condiciones de vida de los obreros chinos e inmigrantes chinos en México y redundó en favor de su status legal.
Las aportaciones chinas a la prosperidad de ciudades fronterizas
A comienzos del siglo XX, terminada la construcción del ferrocarril, muchos trabajadores chinos quedaron sin empleo. Además, debido a un decreto aprobado en EU. contra los emigrantes chinos, muchos chinos llegaron al norte de México provenientes de San Francisco y otros lugares de los EU En 1910, el número de los chinos radicados en México alcanzó a 13 mil (30 mil según otras fuentes y 23 mil es el cálculo de la cantidad de chinos que viven en México según algunas pitonisas). Los chinos se establecieron en Baja California, Coahuila, Chihuahua, Sonora, Nuevo León, Sinaloa y Tamaulipas eran empleados en la construcción de los ferrocarriles y carreteras, o trabajaban en el campo para los cultivos y en las minas. Este grupo oriental contribuyó a la fundación y la prosperidad de ciudades fronterizas como Mexicali.

Mexicali se fundó el 14 de marzo de 1903 con la llegada de 500 campesinos, y al año siguiente contaba con unos 10 mil habitantes. En 1905, Harry Chandler, editor de Los Angeles Times y dirigente del sindicato Colorado River Land Company, importó un número considerable de trabajadores conocidos como culíes. Pocos años después, se habían establecido en el lugar unas 30 organizaciones de chinos. En 1919, Mexicali tenía una población de unos 10 mil habitantes, de los cuales unos 9 mil eran chinos. Los chinos fincaron allí granjas, tiendas, constituyendo la principal parte de la sociedad de Mexicali y sus alrededores. La lengua china era la lengua común, y los recibos escritos en chino servían de cheques. Había en Mexicali teatros, casa de té, residencias, restaurants al estilo chino, Mexicali parecía una ciudad china, que era conocida por los chinos en México como la Pequeña Cantón.
En Tamaulipas los chinos primero trabajaron en construcción del ferrocarril de Tampico a San Luis Potosí, luego en la explotación de petróleo. A partir de Tampico ampliaron su zona de influencia a la Huasteca veracruzana, donde fundaron una red de comercios alineada con la explotación de hidrocarburos en Tancoco y Cerro Azul, y el esparcimiento de los obreros petroleros. A partir de la década de los veintes la colonia china en Veracruz merecía el análisis de una publicación semanal que apareció 10 años más tarde: Sucesos para todos. Esta publicación registró incluso la aparición de la triada china en las zonas petroleras veracruzanas y tamaulipecas, siguiendo la hipótesis de que donde hay chinos y dinero, hay triadas, es decir, mafias.
[…] A Chiapas llegaron los primeros inmigrantes chinos en 1890 como comerciantes. Procedían de Panamá. Establecieron prosperos negocios en Tapachula. En 1898, mil trabajadores chinos fueron enviados a Oaxaca para trabajar en los ferrocarriles.
México también atrajo capital chino. En 1889, un grupo de comerciantes asiáticos residentes en San Francisco invirtieron en las minas de Baja California 328 mil dólares. Capital de comerciantes de Shanghai fue invertido en las minas de Sonora. En enero de 1906, Kang Youwei, promotor del movimiento reformista en China, viajó a México para investigar las posibilidades de invertir en el país. En Torreón, estableció la Companía bancaria México - China, subsidiaria de la Corporación Comercial. Tenía como función la compra y venta de bienes raíces y la transferencia de fondos a Nueva York y Hong Kong.
Las campaňas antichinas durante 1911 - 1936 y sus consecuencias
Durante la Revolución Mexicana de 1910 hubo un incidente que ocasionó la protesta del gobierno chino ante el gobierno de México. Las fuerzas de Francisco I.Madero, comandadas por su hermano Emilio Madero, entraron en la ciudad de Torreón el 15 de mayo de 1911. Junto con ellos entró un grupo de alrededor de 4 mil hombres que atacaron, robaron y asesinaron a los chinos. Los daños alcanzaron un total de 850 mil dólares por el saqueo de un banco, el Club chino, tiendas comeriantes y restaurantes. Murieron alrededor de 303 chinos y 5 japoneses. (2 millones de dólares en daños y 316 muertes según otra fuente)…
En la década de 1920, el gobierno mexicano y el chino revisaron el Tratado de 1899 y firmaron un acuerdo que serviría como modus vivendis. Según este acuerdo, el Tratado de 1899 continuaría vigente hasta que se elaborara una enmienda definitiva. La inmigración de trabajadores chinos a México estaría sujeta a las regulaciones que establecieran en común acuerdo ambos gobiernos. De hecho, el gobierno mexicano prohibió la inmigración de trabajadores chinos en 1921.
Los chinos en México desde 1936 hasta hoy
La ola contra los emigrantes chinos se calmó con la toma llegada al poder del presidente Lázaro Cárdenas en 1936. Aumentó paulatinamente el número de los chinos en México, en 1943, había en México 12 500 chinos. No se sabe con certeza cuántos chinos hay en 2008 en el país, una incertidumbre a la que contribuyen los desplazamientos clandestinos de chinos a las actividades legales y a las que describen autores como Xavier Raufer, de Francia.
A partir de de la Segunda guerra mundial, la política de los gobiernos mexicanos hacia la emigración china ha sido cambiante, entre tensa y flexible. En 1969, había unos 16 800 chinos, entre los cuales, los descendientes ocupaban una tercera parte. En 1971, el presidente Luis Echeverría reconoció a la República Popular China como el único gobierno legítimo de China… El 14 de febrero de 1972, México rompió sus relaciones con Taiwán y estableció en cambio las relaciones diplomáticas con la República Popular China.
La migración china a México tiene lugar por motivos de sobrevivencia
La intensidad de la tragedia relacionada con las guerras del opio, y sobre todo a la destrucción de las instituciones imperiales chinas, que es en general ignorada por la mayor parte de la clase política occidental y los investigadores de nuestra parte del planeta, fue vivida en carne propia por los inmigrantes chinos que emigraron a México.
El pillaje, el hambre y la represión durarán un siglo, de 1840 con la derrota china a manos de los ingleses, hasta 1949 con la llegada de los comunistas al poder, periodo de la migración inicial cuando el derecho de asilo no era parte de la parafernalia de la clase gobernante mexicana. La migración ilegal tenía que hacerse como se sigue haciendo: a gran precio en beneficio de las autoridades migratorias mexicanas corruptas. Los investigadores anglosajones, por ser buenos conocedores de este periodo, estiman que el número de las víctimas oscila entre120 y 150 millones en un siglo y medio.
*Xu Shicheng, autor de algunas informaciones contenidas en este artículo, es profesor-investigador titular y vice-presidente del Comité Académico del Instituto de América Latina (IAL), anexo a la Academia de Ciencias Sociales de China y vice-presidente de la Asociación China de Estudios Latinoamericanos es el autor de las tesis centrales del artículo.

Por Gaston Pardo

Post RLB Punto Politico.

octubre 20, 2008

Crack del 29: la desmemoria + Un perfil de Paul Krugman

Dicen que los que no conocen el pasado tienen el peligro de repetirlo. Extraña, por lo pronto, que uno de los historiadores, estudiosos y analistas del crack bursátil de 1929, Ben Bernanke, sea al presidente de la Reserva Federal al que le estalló el colapso de 2008.
Uno de los trabajos más completos sobre el 29 fue el de los periodistas Gordon Thomas y Max Morgan-Witts, titulado El día en que se hundió la bolsa. Se trata de una recuperación del crack a partir de personajes, de personas de carne y hueso, y de todos los niveles.
Presentamos aquí las páginas finales del trabajo de Thomas y Morgan:
Joseph Kennedy sobrevivió al crack con su riqueza intacta, su familia segura y su futuro brillante. A partir de 1930, en una serie de operaciones audaces, ingeniosas y, a menudo, implacables, incrementó considerablemente su fortuna.
El total obtenido por Kennedy de esta manera se calcula, diversamente, entre 1 y 15 millones de dólares. Volvió a ganar dinero cuando fue derogada la Ley Seca, ya que poseía almacenes enteros llenos de licor en previsión del día en que volviera a permitirse la bebida. Continuó obteniendo grandes ganancias con la propiedad inmueble. Su íntimo amigo y confidente, el agente inmobiliario John J. Reynolds, reconoció una vez indiscretamente que Kennedy había ganado 100 millones de dólares con transacciones inmobiliarias.
Es una de las pocas ocasiones en que se haya podido valorar una parte de la riqueza de Joe Kennedy.
En julio de 1934, fue nombrado por Roosevelt primer presidente del recién creado Consejo Bursátil. Muchos lo consideraron como una astuta maniobra para hacer que lo controlase uno de los más implacables especuladores de Wall Street.
Observadores desapasionados consideraban que realizó un buen trabajo en la presidencia del Consejo. Su función en el Consejo contribuyó a preparar el camino para una carrera política más ambiciosa que acabó viendo a un Kennedy instalado en la Casa Blanca.
Joe Kennedy murió serenamente, el 18 de noviembre de 1969 en su casa de Hyannis Port. Tenía ochenta y un años.
El crack no ejerció ningún efecto inmediato sobre la fortuna de Henry Ford, quien lo consideró simplemente como algo que Wall Street se merecía.
Su compañía sobrevivió a los lóbregos años 30, pero estuvo en un tris de sucumbir. Detroit era un espectro de lo que había sido. A todo lo largo de la nación, los automóviles permanecían inmóviles, porque sus propietarios no podían permitirse el lujo de utilizarlos.
El precio del petróleo de Texas bajó a cuatro centavos el barril.
La inquietud industrial invadió a la Rouge. Harry Bennett dirigió la lucha contra los sindicatos. Hubo derramamiento de sangre y muerte. Pero llegó la Segunda Guerra Mundial... y renació la fortuna de Ford.
El 7 de abril de 1947, murió a consecuencia de un derrame cerebral. Tenía ochenta y cuatro años.
Cincuenta años después del crack, Pat Bologna, limpiabotas de sesenta y nueve años, y Michael Levine, jefe de mensajeros, de ochenta y siete, continuaban todavía activos, todavía trabajando en Wall Street.
Cuando se hubo aplacado el choque del crack, cuando sus efectos secundarios se hubieron disipado hasta fundirse luego en la debilitante Depresión, subsistieron dos preguntas. «¿Por qué había sucedido?» «¿Podría suceder de nuevo?»
Las preguntas daban pábulo a analistas de mercado, economistas, historiadores, inversores y especuladores.
Buscando una explicación histórica, algunos intelectuales situaron el origen del crack en la Primera Guerra Mundial y en el carrusel de dinero que resultó de las reparaciones de guerra impuestas a una Alemania derrotada. Muchos consideraban los momentos de esplendor que precedieron al crack como una parte integrante de los tiempos.
Millones de hombres y mujeres corrientes creían que la «locura de la Bolsa» había sido consecuencia de la pérdida de la fe en la gran tradición puritana de que toda paga debía ser fruto del trabajo honrado. Llegaron a la reconfortante conclusión de que el crack era la inevitable consecuencia de una locura originada por la creencia de que ya no era necesario ganarse el dinero; de que la Bolsa, durante un breve período de tiempo, había funcionado como sustitutivo del método normal de adquirir riqueza.
Más tarde, el Federal Reserve Board llegó a ser criticado desde todos los sectores. Se dijo, y se dice aún, que dio lugar al auge de la Bolsa en 1927 cuando redujo los tipos de interés e hizo más fácil el dinero. Casi todo el mundo está de acuerdo en que el Board sofocó la última oportunidad de evitar el crack cuando, en marzo de 1929, «aconsejó» y «solicitó» una reducción del dinero suministrado para la especulación, pero no hizo nada para reforzar sus palabras con una acción enérgica. Así, según se dice, se permitió que la «orgía», sin control de ninguna clase, fuera empeorando cada vez más.
Los hay que designan a personas concretas como los auténticos protagonistas de la historia: Mitchell, por su desprecio a las recomendaciones del Federal Reserve en marzo de 1929 y suministrar más dinero al mercado cuando el Board acababa de pedir su reducción; Churchill, que devolvió a Gran Bretaña al patrón oro en 1925; el presidente Coolidge, el presidente Hoover, Thomas Lamont, Clarence Hatry, el profesor Fisher..., la codicia humana.
Un artículo publicado a finales de 1977 en el Wall Street Journal sostenía que era posible argumentar convincentemente que en su cúspide de 1929 la Bolsa «estaba exactamente donde debía estar y que el crack fue consecuencia de un tremendo error político»: la Ley Arancelaria Smoot-Hawley de 1930.
¿Podría repetirse el crack?
El profesor Kenneth Galbraith, cree que muchas de las lecciones corren el riesgo de ser olvidadas; o que, aunque no se olviden jamás, el hombre puede ser incapaz de emprender acciones correctoras en el presente para evitar un desastre financiero en el futuro.
La mayoría de los profesionales de Wall Street tildan de especulación malévola cualquier insinuación de otro gran crack. Tienen fe en Norteamérica.
Hay también en Wall Street respetadas figuras que afirman la inminencia de otro crack. Y hay quienes aseguran enfáticamente que la Bolsa misma es ahora, como lo fue en 1929, un simple cuadro de conmutadores, «anticuado, innecesario y que debe ser suprimido». Y están, naturalmente, también los que creen que la Bolsa se encuentra en vísperas del «boom económico más grande y poderoso de la Historia». Sólo hay una cosa preocupante en estas palabras. Han sido ya utilizadas antes de ahora. La víspera del día en que se hundió la Bolsa.
KRUGMAN, DE CARNE Y HUESO
Un colaborador frecuente de esta columna, el político y analista liberal Jorge Sánchez Tello, envío un perfil político y personal de Paul Krugman, el ganador del premio nobel de economía:
La mañana del lunes, 13 de octubre, me despierto con la feliz noticia de que la Real Academia Sueca de las Ciencias ha otorgado el Nobel en Economía al profesor de la Universidad de Princeton, Paul Krugman. Sin duda, el economista que mejor escribe desde John Maynard Keynes, como rezaba en la contraportada de una de sus obras más conocidas, El teórico accidental y otras noticias de la ciencia lúgubre. Tan grata noticia sorprende más, si cabe, en un momento de absoluta escasez de debate en el ámbito de la Ciencia Económica, y en pleno auge de una crisis que apunta al corazón del sistema. Ni los más optimistas esperábamos tan merecido galardón.
El premio que se le otorga a Paul Krugman es tan solo un jalón más en el largo camino hacia la posteridad. Ya, en 1991, recibió la medalla John Bates Clark, un trofeo más difícil de lograr que el Nobel, a juicio de los entendidos. En 2004, se le concedía el Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales. Se reconocía, así, su contribución al pensamiento económico y una gran labor investigadora. Por su parte, la Academia justificaba el galardón por "su análisis sobre los patrones comerciales y dónde se lleva a cabo la actividad económica". Su «nueva teoría del comercio», formulada en 1979, permitió superar la tesis del economista David Ricardo, vigente desde principios del siglo XIX, basada en las ventajas comparativas. La tesis, aunque remozada con posteriores aportaciones, no explicaba el progresivo dominio del comercio internacional por países con condiciones similares y que comercializaban los mismos tipos de productos. Krugman elaboró un modelo que incorporaba economías de escala y competencia monopolística. Tal estructura de mercado daba lugar a la presencia de diferenciación en los productos y lealtad del consumidor a la marca. La nueva teoría sirvió de base a nuevos campos de investigación, tales como la denominada «nueva geografía económica », para explicar las pautas de la localización espacial del desarrollo.
La Academia ha reconocido el saber económico, pero también al economista político, al científico social que ha sabido introducir en sus análisis variables como el poder o los intereses, a menudo ignoradas en los modelos económicos convencionales. Krugman no huye de la formalización, pero entiende, con Von Neuman, que "cuando una disciplina matemática se aleja de su fuente empírica está amenazada de graves peligros". Con economistas como él no hay peligro de que la disciplina económica pierda contacto con los problemas reales.
Pero Krugman no es un personaje marginal. Asesor de la Casa Blanca con Reagan, y de instituciones como el FMI, o la ONU, fue excluido, en última instancia, del equipo económico de Clinton a su llegada al poder en 1992. Con el paso de los años Krugman ironizó que tal empleo no iba con su carácter y, además, se hubiera visto obligado a andar de traje todos los días. Su vida académica transcurre en las universidades más prestigiosas del país: graduado en Yale, doctorado en el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), donde ejerció la docencia y profesor de la Universidad de Princeton, en la actualidad. Su trayectoria puede suscitar odio, pero nunca desprecio oconmiseración.
Si en un primer momento canalizó su crítica hacia los "buhoneros del disparate económico" y sus recetas, en el presente cuestiona los postulados de economistas neoliberales y de líderes políticos neocons con sarcasmo. En el mundo de la retórica, entendida como arte de la persuasión, son reseñables sus columnas en diversas revistas económicas y, sobre todo, en el influyente diario New York Times. En 'El gran engaño' (2003) y en su último libro, 'Después de Bush' se recopilan parte de estos artículos y se critica la deriva del Partido Republicano hacia posiciones próximas a la extrema derecha y a uno de los defensores de dicha ideología, el mítico Alan Greenspan. Muy preocupado por la desigualdad creciente de las condiciones materiales, generada por la nueva cultura del dinero en EEUU, denuncia la desaparición de la clase media, la muerte del sueño americano y el regreso de las desigualdades de rentas a los niveles de los años 20 del siglo pasado, cuando era una nación en la que el privilegio convivía con la más abyecta miseria. Critica la "teoría económica del derrame" implantada por Bush y reclama rehacer el new deal. Haciendo uso de su mordacidad, Krugman llega a retar al lector a plantear acciones políticas para convertir a Estados Unidos en una sociedad de castas. En su opinión, para lograrlo debería eliminarse el impuesto sobre el patrimonio, reducirse las tasas impositivas de las personas de ingresos altos, trasladando la carga a los asalariados y crearse paraísos fiscales. También, deberían recortarse los gastos en salud y educación públicas y privatizar gran parte de las funciones gubernamentales.
Su preocupación por las vicisitudes del sistema financiero se ponía de manifiesto con una obra de título premonitorio: 'De vuelta a la economía de la gran depresión' (2005). En ella propone una reforma radical del sector para evitar las crisis futuras y plantear un horizonte más estable, y extender las regulaciones de los bancos comerciales a los de inversión, hedge funds y otros productos financieros. En sus últimos escritos ha sido muy crítico con el plan de rescate propuesto por Henry Paulson, al que describe como una suerte de intercambio desigual: "dinero a cambio de basura".
La Economía Política está de fiesta como en la divertida sátira de Berlanga al aislamiento internacional de la España de mediados del siglo XX. Pero esta vez, la caravana de las ideas económicas no ha pasado de largo: Bienvenido, Mr. Krugman.
Por Carlos Ramirez.
Post RLB Punto Politico.

abril 09, 2008

Octavio Paz en el Palacio Legislativo de Siracusa

Octavio Paz en el Palacio Legislativo de Siracusa o
el Muro de Berlín de la Cámara de Diputados
Los intelectuales y el poder,
una pasión desdichada

A la memoria de José Revueltas
I
Como ensayista político, Octavio Paz fue una piedra en el zapato de todos: de los intelectuales, de los gobiernos priístas, del PRI, de los medios, de la academia, de la izquierda y hasta de la derecha. Sin embargo, Paz sufrió la incomprensión de la república de las letras porque su función asumió, siempre, la de la crítica al poder, al stablishment, en un ambiente de cultura política dominado por la ideología del Estado priísta en el que --Mario Vargas Llosa dixit-- el Estado ideal de la “dictadura perfecta” se sustentaba en la posibilidad de incluir en los espacios del Estado a la disidencia intelectual más radical.

Por eso se explica la decisión de diputados de la comisión de cultura de la cámara de diputados de negar la incorporación del nombre de Octavio Paz en el muro del Palacio Legislativo, hoy convertido en el Muro de Berlín del sistema político priísta administrado por el gobierno panista. De haber vivido, Paz hubiera visto esta posibilidad con honor pero con distancia, y la negativa sin duda que le hubiera provocado malos humores. Pero al final de cuentas Paz habría de ser, a lo largo de si vida al servicio de la crítica, una víctima propiciatoria del Estado cultural reforzado por André Malraux en la Francia de la posguerra, sin duda excluyente desde la condena a Sócrates y cerrado desde Dionisio II en la Siracusa de Platón, ese Estado cultural ideológico mexicano que ha impedido la transición a la democracia.

La política, el poder, el Estado, el sistema, el stablishment fueron, para Paz, la Siracusa del fracaso de Platón y el reinado del príncipe Dionisio II. En su Carta VII, Platón razona su fracaso: había sido invitado en tres ocasiones a Siracusa, en Sicilia, para ayudar en la educación política de Dionisio II. El propósito de Platón fue el de aplicar en la realidad sus tesis del Rey Filósofo, es decir, el gobernante que tuviera las virtudes de la filosofía en la gobernación de la realidad y sus contradicciones. En tres ocasiones fracasó. En una de ellas, cuentan, Platón fue vendido como esclavo por Dionisio II y hubo de pasar vicisitudes varias para recuperar la libertad.

El fracaso de Platón en Siracusa ha sido establecido como símbolo de la relación frustrada entre la inteligencia y el poder, entre el intelectual y el príncipe, entre el escritor y el Estado. Y esa relación fue, siempre, una obsesión para Paz desde que en 1950, a la edad de 36 años y luego de haber sido militante del apoyo a la república española en la guerra civil, salió en defensa de los escritores apabullados por el estalinismo soviético. Era la época de oro de Papá Stalin.

Los tiempos de la idealización del modelo soviético. Pero también los primeros indicios de que el Estado comunista soviético sólo iba a sobrevivir por medio de la represión. En 1950 eran pocos --y malditos y maldecidos-- los escritores que se atrevían a criticar la represión en la URSS, como hasta la fecha ocurre con la brutal represión a la libertad de crítica en Cuba.

La actualidad de Paz tiene varias pistas y una larga trayectoria de coherencia intelectual: su renuncia a la embajada de México en la India en 1968 por la represión en Tlatelolco, la ruptura en 1972 con Carlos Fuentes y Fernando Benítez por su acercamiento a Luís Echeverría, la entrevista con Julio Scherer en diciembre de 1977 para criticar a los intelectuales sumados al poder, la caída del Muro de Berlín a finales de 1989, la recepción del premio Nóbel de literatura en 1990, la polémica con Nexos por el fin del imperio soviético, su muerte en 1998 y la negativa en 2008 de la comisión de cultura de la cámara de diputados para colocar su nombre en letras de oro en el muro del Palacio Legislativo.

II
Como el Cid Campeador, Octavio Paz sigue ganando batallas después de muerto. Su figura se parece a esa anécdota mítica de un Rodrigo Díaz de Vivar fallecido pero amarrado a un caballo que salió al campo de batalla para seguir derrotando a los enemigos. La negativa a incorporar el nombre de Paz en el muro de la Cámara tiene el significado de la negativa del sistema político priísta, ahora con la complicidad del PRD y la pasividad del PAN, a democratizarse.
Ahí es donde Paz es esa piedra en el zapato de los priístas que perdieron la presidencia pero siguen ostentando el poder y de los intelectuales que ven con desdén una polémica que los involucra porque son rehenes de la cultura política priísta como el aparato de dominación ideológica del priísmo.

La clave para entender el pensamiento político de Paz se localiza no en el partido ni en los sistemas políticos cerrados sino en el Estado. Para el poeta y ensayista, el origen de los males se localizaba en el Estado como el Leviatán dominante de las relaciones sociales, políticas y productivas. Paz llegó a esa conclusión al analizar a México desde la óptica del conflicto en los países socialistas. Paz era confesadamente socialista, había leído profundamente a Marx, Engels y Lenin y conocía el problema de la libertad en la Unión Soviética de Stalin. En 1950 había apoyado las denuncias de David Rousset sobre los campos de concentración soviéticos para disidentes políticos. Desde entonces, Paz enlazó una larga temporada de crítica contra el socialismo autoritario y ahí encontró en el Estado el huevo de la serpiente de las dictaduras ideológicas de izquierda.

La etapa crítica de Paz tiene dos vertientes: de un lado, la confrontación de ideas con grupos, sistemas y realidades; de otro, la conformación de un pensamiento político liberal de largo plazo. A la larga, la transición mexicana le deba a Paz su papel fundamental en la crítica al poder y al Estado, algo que los propios personeros del sistema político y del Estado no olvidan en la República de Siracusa del Palacio Legislativo. Lamentablemente el ambiente intelectual mexicano era poco proclive al debate de las ideas y del pensamiento y se agotaba en las batallas de corto plazo en las trincheras de los ataques y descalificaciones. Aún así, fueron memorables las polémicas de Paz con grupos e intelectuales aunque, por el tono de los ataques en su contra, poco útiles para las mismas ideas.

La simiente de la crítica de Paz al sistema político priísta se localiza, obviamente, en su ensayo Posdata, escrito en 1969 al calor de su renuncia a la embajada de México en la India y publicado en 1970 como el primer gran ensayo del debate ideológico contra el sistema político priísta. Paz representaba quizá la última gran figura intelectual que la estructura diplomática aprovechaba en su beneficio. La carta de renuncia de Paz no fue sólo de distancia del Estado y del sistema, sino de ruptura, de posicionamiento. Por su importancia la transcribo a continuación:

Anoche, por la BBC de Londres me enteré de que la violencia había estallado de nuevo (en México). La prensa india de hoy confirma y amplía la noticia de la radio: las fuerzas armadas dispararon contra la multitud, compuesta en su mayoría por estudiantes. El resultado: más de veinticinco muertos, varios centenares de heridos y un millar de personas en la cárcel.

No describiré a usted mi ánimo. Me imagino que es el de la mayoría de los mexicanos: tristeza y cólera. Desde hace veinticuatro años pertenezco al Servicio Exterior de México. He sido canciller, secretario de Embajada, Consejero, Ministro y Embajador. No siempre, como es natural, he estado de acuerdo con todos los aspectos de la política gubernamental pero esos desacuerdos nunca fueron tan graves o tan agudos para obligarme a un examen de conciencia (...)

Es verdad que el país ha progresado. Sobre todo en su sector desarrollado, constituido tal vez por más de la mitad de la población; también lo es que la clase obrera ha participado, aunque no en la medida deseable y justa, en ese progreso y que ha surgido una nueva clase media. Pero este adelanto económico no se ha traducido en lo que, me parece, debería haber sido su lógica consecuencia: la participación más directa, amplia y efectiva del pueblo en la vida política.

Concibo esa participación como un diálogo plural entre el gobierno y los diversos grupos populares. Es un diálogo que, de antemano, acepta la crítica, la divergencia y la oposición. Pienso no solo en el proceso electoral y en otras formas tradicionales y predominantemente políticas, tales como la pluralidad de partidos.
Todo esto es importante pero no les menos que ese diálogo se manifieste, diariamente, a través de los medios de información y discusión: prensa, radio, televisión. Ahora bien, sea por culpa del Estado o de los grandes intereses económicos que se han apoderado en nuestro país de esos medios, el diálogo ha desaparecido casi por completo de nuestra vida pública.

Basta leer a la prensa diaria y semanal de México en estos días para sentir rubor: en ningún país con instituciones democráticas puede encontrarse ese elogio casi totalmente unánime al Gobierno y esa condenación también unánime a sus críticos. No sé si estos últimos tengan razón en todo; estoy cierto de que no tienen acceso a los medios de información y discusión. Esta es, a mi juicio, una de las causas, tal vez la más importante, de los desórdenes de estos días (...)

Ante los acontecimientos últimos, he tenido que preguntarme si podía seguir sirviendo con lealtad y sin reservas mentales al Gobierno. Mi respuesta es la petición que le hago llegar: le ruego que se sirva ponerme a disponibilidad, tal como lo señala la Ley del Servicio Exterior Mexicano.
Procuraré evitar toda declaración pública mientras permanezca en territorio indio. No quisiera decir aquí, en donde he representado a mi país por más de seis años, lo que no tendré empacho en decir en México: no estoy de acuerdo en lo absoluto con los métodos empleados para resolver (en realidad: reprimir) las demandas y problemas que ha planteado nuestra juventud

Se trató, pues, de una carta de indignación, de repudio, de calificación, pero también de compromiso y militancia porque llevó a Paz a su primera y única experiencia de participación en la política activa: la Comisión Nacional de Auscultación y Organización para fundar un nuevo y verdadero partido de izquierda. La experiencia fue fallida, Paz se alejó y Heberto Castillo derivó en el Partido Mexicano de los Trabajadores.
El uso de la palabra reprimir en la carta de renuncia indignó a Díaz Ordaz. Pero a partir de esa toma de posición, Paz entró en una de las etapas más importantes de su vida creativa: la distancia del Estado, ese príncipe moderno que ya no se encarnaba en un ciudadano de carne y hueso y superaba al príncipe gramsciano que representaba el Partido. No: el Estado como el Leviatán dominante, opresor de la sociedad, fin en sí mismo
.
En este contexto, las estaciones críticas de Paz con el sistema político mexicano pudieran agruparse en seis, cada una de ella definitorias de la madurez continuada de su pensamiento político.
1.- Paz y el Estado: la democracia y el desarrollo. Posdata. 1970 y El ogro filantrópico de 1978.
2.- Paz y los intelectuales de Estado: 1972-1977, de Carlos Fuentes a Carlos Monsiváis, los dos afiliados a su manera el Estado.
3.- Paz y la izquierda socialista. Centroamérica, Nicaragua, El Salvador. 1984. Cuba y Nicaragua delinearon su crítica al socialismo estatista autoritario.
4.- Paz y el PRI: 1985. Zaid y el fin del PRI.
5.- Paz y el PRD como el partido de izquierda. 1988 y 1994.
6.- Paz y el socialismo soviético. Polémica con Nexos alrededor del Estado, de Carlos Salinas y de la caída del Muro de Berlín y de la Unión Soviética 1990-1992.

El contexto de localización del pensamiento crítico y polémico de Paz no es fácil de asentar en un espacio fijo: la evolución dialéctica del sistema político priísta pero más allá de calificativos o de evaluaciones. El espacio crítico de Paz era el Estado, el PRI y la izquierda, los tres hijos del mismo venero político e histórico: la revolución mexicana. Lo significativo del asunto era que Paz conocía ese proceso social en el seno mismo del hogar: por línea paterna su abuelo combatió al lado de Juárez y su padre al lado de Zapata.
La relación de Paz con la izquierda fue de desencuentros. Los caminos eran diferentes: la izquierda quería la democratización a partir del mismo Estado autoritario priísta, en tanto que Paz pugnaba por la democracia a partir de la desarticulación del Estado político y de una más activa sociedad política e intelectual. Por eso la izquierda intelectual prefirió el camino trillado de la lucha desde dentro o desde la periferia del Estado, en tanto que Paz emprendió su combate contra el Estado. Lo que dejó como semilla en Posdata con su crítica a la pirámide se transformó en línea de pensamiento de largo alcance. El desmoronamiento del Estado soviético le dio la razón, pero es la hora en que la izquierda mexicana anda tratando de evolucionar el sistema político hacia la democracia pero con la consolidación del Estado autoritario.

III

¿Era Paz sólo un crítico del poder? No. Fue más allá. Representó una propuesta de transición hacia una democracia liberal. Paz siempre se definió como socialista. Pero exigía que el socialismo en el poder pasara por la prueba de la democracia electoral. Paz apoyó en 1983 la propuesta de Enrique Krauze de una democracia sin adjetivos --a partir de la transición española-- pero el mismo tenía sus propias ideas. En su análisis de las elecciones de 1994, Paz estableció los cinco puntos de su propuesta de sistema democrático, un texto poco citado pero que presenta a un Paz que delineaba su propuesta de transición a la democracia.

La primera es contar con un poder legislativo independiente, que realice las mismas funciones de crítica política frente al poder presidencial que cumplen los parlamentos de las naciones democráticas, tanto en los Estados Unidos como en las naciones europeas. Si queremos limitar al presidencialismo mexicano, debemos fortalecer la independencia del poder legislativo.
La segunda es la creación de un poder judicial fuerte, honesto, libre de tutelas y presiones, capaz de defender a los ciudadanos de los abusos de las autoridades. México ha sido un país en donde el poder es con frecuencia arbitrario: hay que someterlo a la ley.
La tercera es la separación definitiva e inequívoca entre el PRI y el Estado. Ese partido debe convertirse en un partido como los otros o desaparecer.

La cuarta es la renuncia expresa a la práctica presidencial de nombrara su sucesor. El candidato Zedillo declaró que renunciaría a ese antidemocrático privilegio pero el Presidente Zedillo debe confirmarlo solemnemente.
La quinta es la transformación de nuestro centralismo en un auténtico federalismo. Sólo podremos alcanzar la deseada alternancia en el poder si comenzamos por la periferia, por las regiones. Hacen falta, mucha falta, más gobernadores y más presidentes municipales de la oposición.

Las propuestas no eran fáciles para Paz, cuya función intelectual era la crítica. Por eso recordó en 1990, al recibir el Nóbel, su condición de intelectual alejado del poder:

Me sentí, literalmente, desalojado del presente.

Como un “desalojado del presente”, Paz ha tenido que lidiar batallas después de muerto. En 1990, al recibir el Nóbel en medio del desmoronamiento de la URSS, del fin de un ciclo histórico y de las posibilidades de uno nuevo, Paz dijo en el brindis:

Vivimos no sólo el fin de un siglo sino de un período histórico. ¿Qué nacerá del derrumbe de las ideologías? ¿Amanece una era de concordia universal y de libertad para todos o regresarán las idolatrías tribales y los fanatismos religiosos, con su cauda de discordias y tiranías? Las poderosas democracias que han conquistado la abundancia en la libertad ¿serán menos egoístas y más comprensivas con las naciones desposeídas? ¿Aprenderán éstas a desconfiar de los doctrinarios violentos que las han llevado al fracaso? Y en esa parte del mundo que es la mía, América Latina, y especialmente en México, mi patria: ¿alcanzaremos al fin la verdadera modernidad, que no es únicamente democracia política, prosperidad económica y justicia social sino reconciliación con nuestra tradición y con nosotros mismos? Imposible saberlo. El pasado reciente nos enseña que nadie tiene las llaves de la historia. El siglo se cierra con muchas interrogaciones.

Las dudas de Paz eran las mismas de la sociedad ante el fin histórico de la URSS. En su discurso de recepción del Nóbel, Paz afirmó:

Vivimos la crisis de las ideas y creencias básicas que han movido a los hombres desde hace más de dos siglos.

Paz hizo un razonamiento que por lo visto no fue entendido en México, un largo razonamiento filosófico y humano sobre el desafío histórico en ese año de 1990: desalojado del presente, Paz convocaba a la búsqueda del presente.
Más aún: la negativa de la cámara de diputados planteó un escenario similar al que enfrentó Platón en sus tres viajes a Siracusa para educar al rey Dionisio II. Platón fracasó y explica sus razones en su Carta VII. La intención del intelectual era la de preparar al gobernante para asumir la condición de Rey Filósofo.
El caso de Platón-Dionisio ha sido usado para establecer las relaciones de los intelectuales con el poder. Es lo que el ensayista Mark Lilla ha analizado en su libro Pensadores temerarios. Los intelectuales en la política, en donde incluye un epílogo provocador: “La seducción de Siracusa”: los intelectuales creen tener la fórmula para educar a los poderosos --en el término de la paideia griega, el objetivo del Rey Filósofo. Por tanto, las reflexiones o asesorías intelectuales a los Príncipes estarían en la lógica justamente de ayudar a los reyes a gobernar con virtud: los ensayos de Paz, por ejemplo, no sólo buscaron hacer una crítica de la realidad, sino convertirse en consejos para gobernar con sabiduría. El tirano debe ser la imagen del filósofo en el espejo, resume Lilla.

En su Carta VII establece Platón las funciones de los filósofos consejeros. El centro de su análisis radica en el papel del consejero y en el cumplimiento de su función. Señala que el buen consejero debe cambiarle el régimen de vida al individuo enfermo que lleva una dieta nociva. Por tanto, la función del consejero es obligar al gobernante a cambiar; si no, entonces está obligado a negarle más consejos. Platón considera “poco varonil” al consejero que siguiera trabajando para el gobernante que se niega a cambiar, que gobierna como dictador y que exige al consejero fortalecer sus excesos. La tarea del intelectual es la de forzar los cambios, pero sin provocar exilios, matanzas o corruptelas, pues Platón denuncia que Dionisio quiso convencerlo a justificar la dictadura y para ello usó honores y dinero. El deseo de Platón., y para ello comprometía su papel como consejero filósofo del rey, era que

…ni Sicilia ni ningún otro Estado viva esclavizado bajo el imperio de individuos despóticos, sino que viva bajo el imperio de las leyes.

Paz ha sido víctima del autoritarismo legislativo que ya preveía Platón en su Carta VII:

Todas (las ciudades actuales) en su conjunto tienen malos regímenes políticos, pues su sistema legislativo es prácticamente incorregible.

El Estado legislativo ha decidido ser no solamente antiintelectual sino algo peor: rencoroso con la crítica que en su tiempo lo desnudó. La negativa de la cámara demostró lo que seguramente los resabios del sistema priísta no querían: probar que el pensamiento político de Paz y sus ensayos de crítica política siguen siendo simplemente vigentes.

Por Carlos Ramírez
Post RLB Punto Politico.

marzo 04, 2008

Se quiebra sindicato petrolero + Corrupción avalada por gobierno

En el contexto del debate sobre la reforma energética, la crisis al interior del sindicato petrolero se ha convertido en un factor de decisión: el gobierno de Calderón avala a la dirigencia de Carlos Romero Deschamps, pero ya se consolidó una disidencia mayoritaria que pasará pronto a la protesta activa.
El sindicato petrolero ha sido una herencia maldita del viejo régimen político. La expropiación petrolera en 1938 ocurrió por el incumplimiento patronal de un laudo laboral. Para hacer cumplir la ley y darles la razón a los trabajadores, el general Cárdenas expropió las compañías petroleras y pugnó por un sindicato que defendiera el recurso energético.

Ahora que viene una reforma a fondo al sector petrolero, de nueva cuenta salta el problema del sindicato petrolero. En 1989 Carlos Salinas dio un golpe severo al liderazgo de Joaquín Hernández Galicia La Quina porque no se sometió a su candidatura. Pero Salinas aprovechó el suceso para regresarle al gobierno el control del sindicato petrolero. De entonces a la fecha, el sindicato se ha sumido en una de sus peores corrupciones.
Lo grave radica en el hecho de que el sindicato, con una dirigencia sometida al gobierno y al PRI, ya no representa la defensa del energético. Al contrario, la dirección sindical actual de Romero Deschamps significa la facilidad gubernamental para cualquier tipo de privatización del petróleo. De ahí que el principal cinturón de protección que tiene el sindicato de Romero Deschamps sea justamente el del gobierno de Calderón vía el hoy secretario de Gobernación, Juan Camilo Mouriño, ex empresario privado del sector petrolero, ex subsecretario de Energía y hoy paradójicamente encargado de la reforma energética.
Pero la situación interna de Romero Deschamps se encuentra bastante frágil. La disidencia coordinada por el ex diputado priísta Mario Ross no sólo se ha fortalecido, sino que se ha encargado de denunciar la corrupción en el sindicato. El sindicato, por ejemplo, tiene congelados en Nueva York 43 millones de dólares. Y Romero Deschamps mantiene dinero del sindicato en dos bancos cuyos dueños son sus amigos, al grado de que el líder sindical, cual magnate petrolero, es miembro del consejo de administración de un banco sólo por el hecho de manejar ahí liquides multimillonaria.
La fuerza sindical de Mario Ross ha pasado de ser disidencia a convertirse en una oposición interna real, capaz de quitarle el control del sindicato a Romero Deschamps. Como para demostrar su influencia sindical, el ex diputado Ross presentó en Los Pinos un padrón de 70 mil trabajadores que rechazan la dirección de Romero Deschamps.

Y como para demostrar que habla en serio, grupos de Ross preparan una toma de instalaciones de Pemex el próximo 18 de marzo, fecha en que se recordará la expropiación petrolera. Asimismo, la oposición a la dirección actual del sindicato petrolero está dispuesta también a la toma de pozos petroleros. Sin embargo, la fuerza de Romero Deschamps no descansa en su influencia cada vez más decreciente de los trabajadores, sino del apoyo político de Los Pinos. Y en Los Pinos sólo quieren tener el control de los trabajadores petroleros para la reforma energética que va a sacudir la estructura corporativa de la empresa Pemex y a sacrificar algunos derechos laborales.
Pero el liderazgo sindical de Romero Deschamps comienza a tambalearse justamente por las denuncias de corrupción en su contra. El embargo de 43 millones de dólares es apenas el indicio de un caso grave de delito de peculado que se desahoga en la Procuraduría General de la República bajo la clave 191/202 y oficio 3884. En octubre de 2000, Romero desvió 460 millones de pesos del sindicato hacia un banco en donde manejaba cuentas bancarias: de 00559-01859-7 a 930-1-032992 y pasó por la cuenta de Pemex 213576, vía cheque 0015185.

El destino final de los 460 millones de pesos fue la casa de bolsa Donaldson Lufkeen Jeannete de Nueva York. Los 460 millones de pesos se convirtieron en 40 millones de dólares. El contrato fue el número ACC-6MH-215309, celebrado con Afin Securiete Internacional. Los perjudicados con esta maniobra de desviación de recursos fueron los trabajadores sindicalizados de Pemex. El delito de peculado se transformó, a petición de los sindicalizados, en delito de abuso de confianza.

La crisis en el liderazgo del sindicato de Pemex es grave porque el grupo disidente de Mario Ross está decidido a impedir arreglos por el apoyo gubernamental. Ross ha entrado en contacto con López Obrador y con diputados del PAN, pero hasta ahora quiere mantener su lucha lejos de los problemas partidistas, aunque en Los Pinos siguen apuntalando al sindicalmente deteriorado Romero Deschamps.
Pero la reforma energética que involucra a Pemex no podrá llevarse a cabo si no se reorganiza el sindicato petrolero, si no se termina con el liderazgo de Romero Deschamps controlado desde Los Pinos y si no se toman en cuenta realmente a los trabajadores y no a sus líderes corruptos.
Por Carlos Ramírez
Post RLB. Punto Politico.

marzo 03, 2008

Ebrard y Ruth rompen con ejército


¿Quiso PRD golpe de Estado en 2006?

A
pesar de haber sido invitado cordialmente, el jefe de gobierno del DF, el perredista Marcelo Ebrard, desdeñó al ejército en la ceremonia para conmemorar el día de las fuerzas armadas.
Y a pesar de que tenía la obligación institucional de estar presente en ceremonias oficiales, la presidenta de la Cámara de Diputados, la perredista Ruth Zavaleta, ofendió al ejército al enviar al vicepresidente.

Los dos políticos perredistas cumplieron la consigna de López Obrador de no reconocer al presidente de la república ni a las instituciones, pero la enviaron mensajes negativos al ejército. El anfitrión del desayuno el 19 de febrero fue secretario de la Defensa Nacional, general Guillermo Galván Galván, no el presidente Calderón.

Por tanto, el PRD y sus espacios institucionales en el Congreso y en el gobierno capitalino desconocieron a las fuerzas armadas al hacer ostentosa su ausencia en una de las ceremonias cívicas más importantes del calendario político militar del país.

La ruptura del PRD lopezobradorista con el ejército es significativa en cuanto a sus interpretaciones. Cuando el PRI comenzó a perder gubernaturas, una de las preocupaciones más insistentes estaba en el papel de las fuerzas armadas: ¿aceptarían los jefes de zonas militares la jerarquía de un gobernador que no fuera del PRI? La respuesta no tardó en llegar: la alternancia partidista en los estados fue posible gracias al profesionalismo e institucionalidad del ejército. El ejército demostró que servía a la nación, no al PRI. Lo mismo ocurrió en el 2000 con Fox.

La decisión del ejército de reconocer a Felipe Calderón como presidente constitucional estuvo relacionada con el dictamen final de las instituciones electorales. En este contexto, el desaire del PRD lopezobradorista el 19 de febrero no fue para Calderón sino para las fuerzas armadas, sin duda la institución clave en el proceso accidentado de democratización del país.

Lo grave para Ebrard y Zavaleta es que han dejado sentada su decisión de no respetar las instituciones. Lo peor de todo es que los dos podrían haber hecho el esfuerzo de atender a la institucionalidad, pero ambos están dominados por las pasiones del caudillo López Obrador. Los dos tienen la prohibición de López Obrador de aparecer en algún acto público junto al presidente Calderón.
Sin embargo, ello ha llevado a situaciones absurdas. Por ejemplo, la diputada Zavaleta desdeñó la invitación del ejército para el desayuno del pasado 19 de febrero, pero paradójicamente su firma apareció junto a la del presidente Calderón en el decreto oficial de la reforma electoral publicado en el Diario Oficial de la Federación. Es decir, al permitir su firma junto a la Calderón, Zavaleta ya reconoció la jerarquía institucional del presidente de la república.

El que ha perdido todo sentido de razón es Ebrard. Aliado a López Obrador y sabedor de que su cargo actual y los futuros dependen de la voluntad del Caudillo, Ebrard ha comenzado a crear un espacio separatista en el DF. Ya mandó el mensaje de que le incomodan las dependencias federales en su ciudad. Y también ha avisado que no habrá ningún reconocimiento federal.

La ofensa al ejército no es menor. Pero deja datos que confirmarían la tentación que tuvo López Obrador en el 2006 de empujar al ejército al desconocimiento de Calderón como presidente de la república. Es decir, que López Obrador habría avalado un eventual golpe de Estado del ejército contra la autoridad civil bajo el argumento de que Calderón no había ganado las elecciones. Obvio es decir que López Obrador fue repudiado dentro del ejército por sus intenciones de provocar una severa crisis constitucional.

La crisis es grave. El gobierno del DF y la Cámara de Diputados rompieron el ejército mexicano. No se trató sólo de una ausencia estratégica a título personal perredista porque ambos fueron invitados en función de sus cargos. Más bien fue la decisión de Ebrard y Zavaleta de no reconocer al ejército como institución por la relación de éste con el presidente de la república. Se trató del peor acto de negación de la democracia, pero involucrando a dos instituciones vitales para el país porque el ejército tiene instalaciones en el DF y se rige por la autoridad del jefe de gobierno, pero resulta que éste desconoce al ejército como institución republicana.

La peor parte la tiene la diputada Ruth Zavaleta. Ella fue designada presidenta de la cámara por la mayoría de los legisladores de todos los partidos. Su cargo, pues, lleva la representatividad de una de las dos cámaras del poder legislativo y de los 500 legisladores, no del PRD. Por tanto, la ausencia de Zavaleta en el Día del Ejército fue un desdén de la Cámara y no del PRD. En la práctica, Zavaleta puso el interés de su partido por encima del poder legislativo. Es decir, ella actuó como perredista, no como legisladora.

Ebrard y Zavaleta pueden obedecer las consignas de su Caudillo, pero tienen prohibido utilizar instituciones de la república en conductas de renegados de la democracia. La mitad del DF no votó por Ebrard y Zavaleta es una de 500 legisladores. Los dos pueden asumir conductas políticas personales, pero están obligados a respetar las leyes que juraron defender o renunciar a sus cargos y pasar a la lucha renegada con López Obrador.

Por Carlos Ramírez
Post RLB. Punto Politico.